10.7.13

Mi primer monografía

Hace dos meses me inscribí al curso de ingreso de la UNDAV , así de repente, como en general tomo las decisiones, y sí soy Teresita (como dice mi marido).
Transcurrí este tiempo con grandes dudas, como acostumbro, comenzar una carrera con cuarenta laaargos años no es cosa menor y me llena de inquietud.
¿Podré, estaré capacitada, será el momento, etc, etc, etc?
Y el miedo me acompañaba cada día y varias veces estuve a punto de flaquear.
Aún hoy siento cierta inquietud y tengo que superarla para que no venza la inseguridad.
Lo cierto que gracias a los profes y tutoras (docentes de esta facu) pude ir saltando mis propias vallas.
El primer impulso para seguir camino fue el parcial que pasé muy satisfactoriamente y el broche de este pequeño ciclo la monografía (mi primer monografía) que me gustaría compartir.
Una de las materias fue Historia de las Universidades y desde ésta vimos el contexto socio político de los años en que la Universidad hizo historia (valga la redundancia).
Y después llegó el momento de elegir un tema que nos resultara interesante de abordar.
Como por primera vez pude conocer algo del peronismo y saber medianamente de qué se trataba (al momento de hacer mi secundaria el período se  ocultaba) me resultó atractivo y por ello mi elección.
Y la idea de comparar dos gobiernos surgió cuando leí un breve resumen del libro "La fuerza es el derecho de las bestias" donde Perón señala que es ser justicialista.


Menem, del justicialismo de Perón al neoliberalismo en su acción

INTRODUCCIÓN

El siguiente trabajo intenta comparar y evaluar la gestión del ex presidente Carlos Saúl Menem, autodenominado peronista, con el lineamiento justicialista propuesto por Juan Domingo Perón.
Se hará especial mención de la educación y el desarrollo de la Universidad en ambos gobiernos.

Proveyendo información sobre la administración de cada uno de los políticos en sus respectivas presidencias.
Teniendo en cuenta la llegada de los mismos al sillón de Rivadavia, ubicándolos en tiempo y espacio.

¿Tuvieron ambos actores los mismos ideales y proyecto de país, qué intereses primaron en cada uno de ellos?
Se espera poder responder con claridad y la mayor equidad posible.

Juan Domingo Perón escribió su primer libro ya en el exilio, La fuerza es el derecho de las bestias, que fue publicado en Montevideo en el año 1958 por la Editorial Cicerón.
En éste, en el capítulo II, enumera las veinte verdades del justicialismo. Comienza diciendo que la verdadera democracia es aquella en la que el gobierno se pone a disposición del pueblo, defendiendo exclusivamente sus intereses.

Y sigue, el justicialismo es popular, trabaja para el movimiento y tiene llegada sólo a los hombres que trabajan. Y el trabajo dignifica, por ello es un derecho y a la vez un deber.
El justicialista que se siente más de lo que es termina siendo oligarca.
La política no es un fin sino un medio para lograr la felicidad de la Patria y la grandeza nacional, dando al pueblo justicia y ayuda social.

Resumiendo, es una filosofía de vida simple, cristiana y humana, en la que los privilegiados son los niños. La que pone la economía y el capital al servicio del bien común.


DESARROLLO

JUAN DOMINGO PERÓN

En junio de 1946 Perón llega a la presidencia del país en un momento de crisis económica mundial, después de la Segunda Guerra en la que Argentina se había mantenido al margen.
Aquí la situación era floreciente lo que le permite mejorar los salarios y el consecuente aumento del consumo.

Busca un acuerdo entre el capital y el trabajo, el apoyo del sector obrero y del empresarial.
Promueve un modelo de industrialización, para darle valor agregado a la materia prima.
Ya desde 1930 Argentina vende sus productos a toda América Latina e incluso a Estados Unidos, aprovechando la fabricación de aquellos artículos que los países industrializados dejaron a un lado al dedicarse de lleno a la guerra.

En este favorable marco económico, donde las arcas del Banco Central están llenas de oro formula un plan quinquenal para nacionalizar la economía. Así, financia con reservas la adquisición de la empresa telefónica, los ferrocarriles, la empresa de gas e invierte en obras públicas.
También salda parte de la deuda externa.

Desarrolla una economía que pone en primer lugar la soberanía política y la independencia económica, consolidando la justicia social.
En esta época se fortalecen y expanden los sindicatos, los que construyen policlínicos, hoteles y colonias de vacaciones para beneficio de sus afiliados.

El Estado garantiza el acceso a la salud, la vivienda y el sistema previsional con leyes que los sustenten.
Sale a la búsqueda del pleno empleo, el aumento del salario real, el crecimiento del mercado interno y una mejor distribución del ingreso.

Su esposa María Eva Duarte, popularmente conocida como Evita, consigue el voto femenino en 1947. Tal vez éste sea el paso más importante de la abanderada de los humildes, muchas veces detestada por las señoras de clase alta (que al ganar este derecho, años más tarde lo puedan reconocer).
Además Evita resulta ser la mejor comunicadora del plan quinquenal, difundiendo la política social del gobierno.

En el mismo año Perón firma el postulado en el que figuran las tres banderas que enarbola el peronismo: Soberanía Nacional, Independencia Económica y Justicia Social (antes mencionadas).

Las empresas de capital extranjero pasan a ser del Estado.
Hay una nueva política migratoria y llegan al país trabajadores, técnicos y profesionales para sumarse a la producción argentina.
Se estimula la vocación de los jóvenes, facilitando la práctica de manualidades y oficios.

Durante el gobierno de Perón se promulgan las leyes de previsión social, accidentes de trabajo, de vivienda obrera, de justicia laboral, del sueldo anual complementario; las reglamentaciones de las condiciones de trabajo, de descanso y los regímenes de jubilación.

Además se firman los convenios colectivos de trabajo, aparecen las pensiones a la vejez e invalidez, la participación en las ganancias, las cooperativas de producción en manos de los obreros, la proveeduría y la mutual sindical y los policlínicos de cada sindicato. Hay un control por parte de las organizaciones profesionales para hacer cumplir estas acciones.

En 1949 se plantea la Reforma Constitucional dónde se explicitan los derechos del trabajador, de la familia, la ancianidad, la cultura y la educación. Sumando también una cláusula que le permita ser reelecto.

Ese mismo año se estanca la economía, comienza a flaquear el primer plan quinquenal cuando la inflación aumenta y los ingresos de divisas disminuyen; en parte por un boicot de Estados Unidos a nuestros productos y por dos años de intensas sequías, que inciden gravemente en el área de las exportaciones agrarias.

En 1952 hay un plan económico de austeridad y estabilización, plena economía de guerra, y a la crisis se suma la muerte de Evita que viste de luto el país.
Pero en 1953 Perón da batalla con la puesta en marcha del segundo plan quinquenal.
Éste está destinado a aumentar la producción agrícola y sentar bases sólidas para el sistema industrial. A la vez promueve el desarrollo de la industria pesada y el autoabastecimiento de combustible.
Un año más tarde se logra bajar la inflación, subir los salarios y encaminar la economía.

La Universidad desde 1946 a 1955

Cuando llega Juan Domingo Perón al gobierno las instituciones políticas y culturales eran de corte liberal, la aristocracia era reacia al cambio social y económico que proponía el líder.
Docentes y alumnos rechazaban al movimiento obrero, algunos profesores renunciaron a la Universidad en 1946.

El presidente decide hacer una nueva reforma educativa, considerando que la Reforma del 18 había quedado en el pasado y que la educación del momento era arcaica y poco democrática.
También la Ley Avellaneda (1885) estaba a su entender en armonía con el poder oligarca, intelectual y burócrata.

Sanciona la Ley 13031 que propone un nuevo modelo, que contemple la función y el alcance de los estudios superiores.
Una Universidad que abra sus puertas al pueblo, que acompañe el proyecto de Nación. Con una enseñanza que abarque a los obreros y los prepare para el modelo industrial del país.

El gobierno de la Universidad queda en manos del Estado.
Sí hay autonomía para cumplir funciones técnica, docente y científica.
En las casas de estudio no se pueden realizar actividades políticas, las mismas están destinadas a la enseñanza y el aprendizaje.

Los profesores acceden a las cátedras previa evaluación pública, debiendo dedicarse exclusivamente a su función, para ello gozarán de una remuneración adecuada. En tanto los estudiantes llegarán a los estudios superiores por su desempeño, vocación y aptitudes.

Se implementa un sistema de becas para que los más humildes tengan la oportunidad de hacer el secundario y la universidad.
Se defiende la cultura nacional, con la divulgación de las tradiciones y los valores propios.
Se permite el ingreso de estudiantes latinoamericanos y el intercambio estudiantil.
Hay programas de alfabetización, centros de estudio y de investigación.

Se crea la Universidad Obrera Nacional (UON), con prácticas educativas claramente diferenciadas de la tradicional, acercando el alumno al taller o a las maquinarias indicadas.
Se promueven carreras prioritarias de acuerdo a la región de residencia y a las necesidades del lugar, técnicas agrarias, ingeniería del petróleo, investigación oceanográfica, etc...

“En definitiva, el peronismo, en sus diez años de gobierno nos legaría la gratuidad, los primeros pasos en la articulación concreta obrero estudiantil, la existencia de carreras prioritarias para la industrialización, el aumento inmenso del presupuesto, la creación del Ministerio de Educación, el fomento del latinoamericanismo y el antiimperialismo de la juventud y varios proyectos de universidades y carreras”.[1]


CARLOS SAÚL MENEM

En su discurso de campaña manifestaba que el peronismo es amigo de los pobres, de los trabajadores, de los que tienen hambre y sed de justicia.
Vais con Perón y su doctrina, decía, e invitaba a vivir con alegría.
Tal vez siguiendo este enunciado: “En la tarea de hacer feliz al pueblo y labrar la grandeza de la Patria, el gobierno debe empezar por equilibrar lo político, lo social y lo económico”.[2]

Y Eduardo Duhalde, su compañero de fórmula, agradecía que siguieran a Menem “El mejor discípulo de Perón” a su entender.
Sus consignas o promesas las resumían en “Salariazo” y “Revolución Productiva”. Con esperanza de parte de un pueblo, necesitado de ella, y dotado sin duda de carisma consigue llegar al gobierno con un 47% de votos, asumiendo unos meses antes de lo previsto, en julio de 1989 en tiempos de una profunda crisis económica e institucional.

A poco de gobernar modifica el rumbo propuesto y vira al liberalismo para hacer los cambios económicos que cree necesarios para liberar la economía, reformar el Estado y desregular los mercados.
Se asocia con reconocidos antiperonistas, con empresarios, partidos conservadores, el sindicalismo tradicional, la cúpula de la Iglesia y economistas liberales.
Hasta para nombrar Ministro de Economía negocia con algunos empresarios. Y se deshace de la CGT (Confederación General del Trabajo).

El miedo a la hiperinflación y el desabastecimiento vividos durante el mandato de Raúl Ricardo Alfonsín le facilita el camino a las reformas propuestas, tanto de las leyes administrativas como económicas.
Acuerda con el poder tradicional, las Fuerzas Armadas, la Iglesia, las corporaciones económicas y con la Sociedad Rural.

Obtiene facultades extraordinarias para llevar a cabo cambios estructurales, pasando de una economía dirigida por el Estado a una dirigida por el Mercado.
Sanciona las leyes de Emergencia económica y social, de Reforma del Estado y añade decretos de Necesidad y urgencia.

Privatiza las principales empresas estatales y hace concesión de los servicios públicos a firmas, en su gran mayoría, extranjeras.
Abandona la explotación de recursos energéticos y descentraliza la educación y la salud.
Desbarata un estado benefactor que protege a la población, lo que Horacio Verbitsky bautizó como “desguace del Estado”.
Acaba con la industria nacional cuando abre indiscriminadamente las importaciones y hubo paridad cambiaria, con la Ley de convertibilidad (1 $ = 1 U$A).
Algunos sectores de clase media pasaron a ser nuevos ricos, mientras los obreros se hicieron más pobres y se perdieron fuentes de empleo y fábricas.

La gran ausente de ese momento es la Justicia, Menem permitió el indulto a militares y a los miembros de las Fuerzas Armadas de los años 70, dando solución así a la cuestión militar y a algún levantamiento que debió sofocar.
Aunque siguieron los reclamos de justicia por la violación a los derechos humanos, logró acumular el poder y controlar a la Suprema Corte (tranquilizándolos con sobresueldos).

“La política implementada por el gobierno peronista y favorecida por una coyuntura internacional que generaba gran masa de capitales disponibles doblegó la inflación en poco menos de dos años, lo que contribuyó a que el gobierno ganara las elecciones celebradas en 1993 y que Menem pudiese ser reelegido en 1995”.[3]

La Universidad desde 1989 a 1999

Las casas de estudios en Buenos Aires son atacadas durante toda la década por ineficientes, por sus altos costos de mantenimiento y por considerar que es un gasto político de magnitud.
Se cuestiona la gestión, la administración del presupuesto, la política de admisión de alumnos, la remuneración del personal, la investigación, la oferta curricular y la gratuidad.

En los primeros años comienza a delinearse un proyecto que permite revertir los aspectos negativos antes mencionados.
En 1993 se crea la Secretaría de Políticas Universitarias y en 1995 se sanciona la ley 24521, que es objeto de discusión, rechazo, consultas y debates.

Esta Ley reconoce al Estado como prestador de la educación superior pública y su autonomía, permitiendo que las casas de estudios fijen sus condiciones laborales y salariales.
En política educativa surgen el SIU (Sistema de información universitaria) y el Consejo de Universidades.

Se renueva el equipamiento, hay un Programa de incentivos para los docentes investigadores y se crea el FOMEC (Fondo para el Mejoramiento de la Calidad Universitaria).
A la vez se “permitió introducir la cultura de la evaluación en las universidades. Este sistema incidió en la conformación de una nueva jerarquía del cuerpo docente”[4], motivo de nuevos conflictos.

Hubo becas para los docentes, pasantías en el exterior, recursos para las bibliotecas, equipamiento de laboratorios, honorarios de consultorías y programas para mejorar la gestión.
“Un 84% de los recursos fueron asignados a las ciencias básicas y tecnológicas, relegando las ciencias sociales y humanidades”.
La modernización de los estudios superiores son promovidos por el Banco Mundial y el Interamericano de Desarrollo, también inciden en los subsidios, recursos, la promulgación de la Ley de Educación Superior, la expansión de instituciones privadas y “la creación de órganos o agentes centrales para evaluar y acreditar las instituciones universitarias (como la Secretaría de Políticas Universitarias actualmente llamada Secretaría de Educación Superior y la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria –Coneau-)”. Mollis, 2001[5]

Durante el gobierno menemista existen medidas positivas que caben reconocer, se crean seis universidades en el conurbano bonaerense, que aunque se proponen romper el modelo reformista de las instituciones públicas tradicionales, también permiten a la población seguir sus estudios en lugares próximos a los de su residencia.
Marcela Mollis señala algunas desventajas, se superponen carreras de grado en lugares cercanos, hay pocos profesores de excelencia y baja inversión en recursos bibliotecarios.

Por otra parte, aparecen carreras no tradicionales, se implementan títulos intermedios y se organiza la Universidad por departamentos.
También “la posibilidad de establecer convenios entre instituciones; derecho de los estudiantes del nivel no universitario para cursar posgrados e incluye los Consejos Regionales de Planificación de la Educación Superior en los cuales las universidades y los gobiernos provinciales, podrían planificar acciones de manera conjunta”.[6]


CONCLUSIÓN

Sin duda Perón y Menem, en sus respectivos gobiernos, encuentran a la Argentina en una situación económica diametralmente opuesta. En tanto Perón llega a la presidencia en un momento próspero Menem la alcanza en un tiempo decadente.
Los dos fueron elegidos por mayoría popular, por la esperanza y/o confianza que inspiraba su figura.

Perón ampara al más débil, al obrero y enarbola la bandera del esfuerzo y la producción. Decide acompañar la labor con el estudio, la industria con la educación y el trabajo adecuados.
Invierte en el país, nacionalizando las empresas de bienes y servicios que sirvan al pueblo.

Menem al asumir parece dejar atrás su recordada frase “Síganme, no los voy a defraudar” y se pone a disposición de los capitalistas, olvidando por completo a quiénes lo habían votado, en pro de las corporaciones y el poder. Pronto se desprende de las empresas estatales a las que denuncia como inoperantes y las concede a capitales nacionales y foráneos.
Ya en el decálogo menemista de la reforma del estado, el mandamiento uno, decía Roberto Dormí (ministro de Obras y Servicios Públicos): “Nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del Estado”, dejando a las claras su ideología.

Y algunas otras frases desafortunadas hablan de la ética y la filosofía que atraviesan al gobierno de Menem “Si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie”.
Manzano, ministro del interior, completaba “Yo robo para la corona” y en 1996 Luis Barrionuevo, gremialista, se sinceraba “En este país tenemos que dejar de robar por dos años”.[7] Huelgan las palabras...

En cuanto a las Universidades, Perón quiso acompañar el modelo industrial con una preparación educativa adecuada, donde el obrero tuviera acceso a los estudios superiores según fuera su capacidad y la necesidad del mercado.
Durante el mandato de Menem se desprestigia la universidad pública y se jerarquiza la privada; aparecen carreras cortas, con orientación empresarial y la oferta de posgrados en el extranjero. Una vez más se ve el modelo neoliberal implementado.

Por lo visto anteriormente, los dos mandatarios no coincidieron en sus proyectos ni los movían los mismos ideales; el primero respondió a intereses nacionales y a sus votantes, mientras el segundo traicionó a su pueblo y benefició a la elite.
Me quedo con las palabras de uno de sus seguidores: “Hubo un señor que entregó el país y que nunca fue juzgado por vende patria, que se llamaba peronista, y que yo inclusive estuve hasta pegando carteles por él, que fue el señor Menem”.[8]


[1] Universidad y Peronismo, hacia una superación histórica de la Reforma. Aritz Recalde en su  blog Sociología del Tercer Mundo, 20 de febrero de 2008.
[2] La fuerza es el derecho de la bestias. Capítulo I, Introducción. Juan Domingo Perón.
[3] Los noventa: La construcción de una nueva agenda universitaria. Pablo Buchbinder en Historia de las universidades argentinas.
[4] ídem, páginas 224 y 225
[5] El escenario de las reformas de la educación superior en la Argentina. Marcela Mollis Revista de la Educación Superior, junio de 2007
[6] Algunos aspectos positivos de la LES (Ley de Educación Superior) Aritz Recalde, junio de 2009 en su blog Sociología del Tercer Mundo.
[7] Manual de Cinismo por Sonia Catela, Página 12, 26 de octubre de 2009.
[8] “Síganme”Menem (1ra parte), Canal Encuentro

Bibliografía

Buchbinder Pablo, 2005, Historia de las universidades argentinas.

Lanata Jorge, 2003, Argentinos, tomo 2, siglo XX: desde Irigoyen hasta la caída de De La Rua

Mollis Marcela, 2007, La educación superior en Argentina: Balance de una década.

Pronko Marcela A., La Universidad en el Parlamento Peronista, reflexiones en torno al debate de la Ley 13.031.

Otras fuentes de información

Canal Encuentro, Juan Domingo Perón (primera y segunda presidencia).

Canal Encuentro, “Síganme” Menem (1ra. parte).

El Historiador, Felipe Pigna, Doctrina Nacional Justicialista.

El Historiador, Humor histórico 1990-1999

Página 12,  Manual de Cinismo, edición del  26 de octubre de 2009.

Recalde Aritz, 2008, Universidad y Peronismo, hacia una superación histórica de la Reforma, en su blog Sociología del Tercer Mundo.

1 comentario:

Gustavo Rivas dijo...

Apenas excelente