22.4.08

Bajo humo

Hace diez o quince días comenzó la quema de pastizales en las islas del delta a la altura de Entre Ríos, también hubo algunos focos ígneos en la provincia de Buenos Aires, llegaron a ser más de 270 núcleos de incendio en unas 80.000 hectáreas.
El siniestro se tornó insuperable y sólo se esperaba que el clima nos hiciera una buena jugada, que llegara la lluvia para apagar las llamas o que el viento rotara para llevarse el intenso humo que nos inundaba.
Hace dos días se abrió el cielo en Capital y alrededores, al fin pudimos ver el firmamento nítidamente y descubrir el sol que se ocultaba bajo la densa humareda y, por sobre todas las cosas, al fin respiramos aaaiiireee...
Pero lamentablemente los incendios no se sofocaron y continúan haciendo estragos en muchas localidades; además está la posibilidad latente de volver a sentir el humo aquí si el aire nos lo devuelve.
No solo es molestia lo que ocasiona, a causa del humo hubo problemas de salud, los hospitales entraron en alerta amarilla, hubo muchos pacientes con dolencias en los ojos y en las vías respiratorias.
Se sucedieron unos cuantos accidentes automovilísticos por la falta de visibilidad y la imprudencia de algunos conductores, algunos con gran cantidad de heridos y hasta víctimas fatales.
Se vieron interrumpidos rutas y caminos, aún hoy algunos tramos son sumamente peligrosos.
Hubo que suspender las clases porque los chicos en tales condiciones no podían llegar a la escuela, ni que hablar de practicar gimnasia o deportes.
Algunos días se cerraron los aeropuertos y se demoraron las salidas de micros o se suspendieron algunos destinos.
Localidades netamente turísticas, como San Pedro, no reciben visitantes por la afección.
Y para joder al prójimo también el humo alcanza al Uruguay. Después del conflicto por la instalación de las papeleras en la orilla vecina se añade un nuevo condimento a la disputa.
En pocas palabras, bajo humo, las condiciones se tornan insoportables desde lo físico, en cuanto a la salud, y desde lo anímico con la incertidumbre de no saber hasta donde llega la toxicidad del aire que respiramos.
Y desde ya un saldo negativo en muchas actividades.

17.4.08

Cortina de humo

Al caer la tarde se levanta una densa cortina de humo que llega a Buenos Aires y sus alrededores.

Todos los años se queman pastizales en el campo para abaratar costos, recurriendo a un sistema prohibido, infringiendo la ley, evitando invertir algo de dinero en el pago de una limpieza adecuada.

Pero este año superó ampliamente las "limpiezas" anteriores, ya que los incendios se hacen sentir a muchos kilómetros de distancia.

¿Casualidad o causalidad...?

A pocos días del levantamiento del paro agrícola, las rutas y caminos se ven interrumpidos por una gruesa humareda, que obliga a cerrar algunas vías si se quiere evitar accidentes garrafales.

El humo lo invade todo, el olor a veces a madera quemada y otras, como esta tarde con un dejo a goma quemada, que hace sospechar que tal vez no sea inocuo.

Aún si no fuera "peligroso" sí resulta molesto, en especial lo sufre la gente que tiene problemas respiratorios.

Alguna decisión tendrá que tomar el Estado, sancionar rigurosamente a quienes atenten contra la salud y la vida de los demás.

Cuando un chico se porta mal los padres o maestros le imponen una penitencia, no sé porque los grandes pueden "pasarse de la raya" como si tal cosa.
¡¿Qué ejemplo señores?!

15.4.08

Arte desde la basura














Cuando los trastos viejos se apilan con arte, formando maravillosas figuras...

9.4.08

Lo que el paro nos legó

Fueron veintiún días de paro agrícola con cortes de rutas que dejaron varados autos, colectivos y camiones, algunos demorados unas horas, y otros días.
En la puja por el poder entre el gobierno y los huelguistas las medidas de fuerza parecían no tener fin.
Hubo cacerolazo fashion, piquete paquete, cinco discursos de la presidente, la plaza de Cristina y una tregua de treinta días para sentarse a dialogar...
Ya pasaron más de diez días y aún no hay señales de buena voluntad.
El paro sentó desabastecimiento con la consabida suba de precios y ahora que vuelven los productos a las góndolas los precios no dan marcha atrás.
En definitiva los perjudicados somos siempre los mismos; el hombre común, trabajador, de clase media o baja, el que ayer se quedó sin carne o leche y que hoy al ir a comprar tiene que desembolsar unos cuantos pesos más.
Mientras se disputa el reparto de riqueza, el bolsillo del hombre promedio se agujerea...

En la mesa de discusión se ha de servir una fuente de retenciones para el agro.
El plato fuerte de está retención, que hoy está en el 44% y que ayer fuera del 35%, no sabemos bien a quien ha de llegar.
Nosotros, pobres mortales, si conocemos bien el aumento de precios indiscriminado, el pago de altos impuestos en los bienes de consumo y los servicios, los bajos salarios, el "corralito", etc...
Y como dijera Inodoro Pereyra, lamentablemente uno está -mal pero acostumbrao.
-¡Que lo parió!
(Mendieta).